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WILLIE COLÓN, EL MALO QUE VINO A ROMPERLA

 

EL MALO del BRONX no sólo nos dejó  su música, no sólo inspiró a cientos de artistas y escribió al lado de otras leyendas la historia de la salsa, no solo hizo de la música un placer atemporal. EL MALO  también nos dejó una lección: el talento es vital pero es una bomba poderosa e imparable cuando está fusionado con carácter, con determinación y amor por las raíces, ser «el malo» como referente de lo ordinario transformado en algo poderoso y extraordinario. El mundo necesita con urgencia más “MALOS” como Willie Colón para que continúen creando buena música para la mente, para el espíritu y para los pies!

Por Juliet Parra

William Anthony Colón Román nació con la herencia musical boricua de sus padres puertorriqueños, William, obrero de fábrica, y Aracelly, ama de casa,  pero creció en el barrio latino del Bronx. Fue allí donde, desde niño, se formó entre los ritmos populares de Puerto Rico, arrullado por la voz de su abuela paterna, Toña, quien, sin proponérselo, educó su oído y lo encaminó tempranamente al estudio de la trompeta y el clarinete. Ahora bien ¿por qué este chico con coraje, amoroso, talentoso y luchador se convirtió en la leyenda DEL MALO DEL BRONX?

La historia del apodo de Willie Colón tiene que ver con una combinación entre su realidad familiar, su entorno, Nueva York y una ingeniosa estrategia que buscaba posicionar su primer álbum musical,  pero para entender la trascendencia de ese calificativo que llegó a convertirse en marca y al mismo tiempo en sátira hay que profundizar en el ambiente del New York  de los años 60 en el que creció Willie, específicamente en el Bronx. Básicamente, EL MALO empieza a gestarse por la actitud ruda que el cantante tuvo que tomar desde su niñez, crecer sin su padre y tener que convertirse en el protector de su madre, su abuela y su hermana, en un ambiente hostil.  Colón se adaptó a su realidad y fue conocido por su rebeldía, su fuerte carácter y por sus capacidades para innovar y hacer críticas sociales. Aprendió  el lenguaje de la resistencia y de la identidad de la comunidad latina que enfrentaba la decadencia urbana del Bronx y el Harlem de aquella época. 

Mientras el distrito sufría incendios y abandono, los jóvenes músicos como Willie Colon  transformaban el «dolor en orgullo», en letras, en un nuevo sonido RUDO. el Bronx se convirtió en una especie de «Laboratorio» Sonoro, en las azoteas y esquinas, los ritmos tradicionales del Caribe (son cubano, mambo, guaracha) se mezclaron con el jazz, el funk y el soul que sonaban en las radios de Nueva York. Las letras comenzaron a reflejar la vida dura del «barrio», las pandillas y la lucha por el sueño americano, alejándose de los temas tropicales idílicos de las décadas anteriores, podemos decir que así surgió la salsa urbana con Willie como uno de sus arquitectos.

Colón fue un autodidacta muy determinado que redefinió la salsa como un movimiento y forma de vida, inspirado en figuras como Barry Rogers, Reconocido por su sonido sólido y técnicas innovadoras en la salsa neoyorquina, nada le impidió a Willie convertirse en el ícono del trombón de la salsa por excelencia a pesar de sus detractores. Aunque Willie lideró sus propios conjuntos desde el principio, Al Santiago, dueño de los sellos Alegre Records y Futura Records, fue quien identificó el potencial del joven trombonista quien firmó su primer contrato cuando tenía apenas 16 años en 1966, sin embargo debido a ciertos contratiempos durante el proceso de grabación, se detuvieron las operaciones.

Fue entonces cuando apareció en escena la fundación Fania Records liderada por el músico dominicano Johnny Pacheco y el abogado Jerry Masucci como el catalizador definitivo de lo que sería la identidad del artista como EL MALO. Fue Fania quien puso en marcha una estrategia de marketing tan efectiva que, décadas después, sigue vigente. 

La  estrategia inició con el primer disco de Willie Colón a los 17 años  junto a Héctor Lavoe, en 1967 y se llamó, precisamente, EL MALO. En la carátula aparecía Willie como un pandillero de barrio, vestido de negro y con una mirada desafiante. La idea aterrizada de Fania fue venderlo como el chico malo, el rebelde, el que no tocaba suavecito, si no que irrumpía con un  trombón rudo, y que cantaba sobre la vida real.

Así nacieron portadas, álbumes y personajes que parecían sacados de una película de gangsters,  Colón adoptó esa imagen usando sombreros, abrigos largos y una estética que precedió al hip hop. Una de esas portadas de hecho llegó a generar un conflicto real: el FBI exigió a Fania retirar una etiqueta que lo retrataba como fugitivo de la agencia, aunque se trataba de una parodia, se trataba de  PURA SALSA, con calle, con crítica, con rudeza, con el sello del Bronx, Con  Willie como símbolo de rebeldía, voz de los que no tenían voz, una  salsa con barrio, una salsa del gueto. Sus portadas con Héctor Lavoe se popularizaron tanto que su apodo se convirtió en una marca, en una referencia y en una cualidad que le dio todo su éxito y aunque Fania Records entendió rápidamente el potencial de la imagen del gángster y la salsa como crónica del barrio, la crítica especializada lo recibió con escepticismo por su sonido crudo y sin pulir, sin embargo el disco vendió más de 300.000 copias, estableciendo las coordenadas de lo que vendría después. 

Si bien la historia del apodo tiene más de una capa y distintas versiones, según la propia leyenda del sello Fania Records, por ejemplo se dice que fueron los músicos mayores quienes comenzaron a llamarlo así, en tono de burla, porque el joven Willie llegaba a sus primeras  jam sessions con un trombón al que todavía no le sacaba todo el partido, el éxito rotundo que tuvo resignificó el nombre, dejó de ser una broma y lo convirtió en identidad artística, en el chico del barrio que no pedía permiso, que llegaba con su sonido nuevo e imponía respeto, en EL MALO que empezó a cerrar bocas.

En síntesis Willie Colon no venía del jetset de la salsa, sino de la bulla de la esquina, de la resistencia en las calles, mientras Tito Puente, Ray Barreto o Machito dominaban la escena, apareció este joven con toda esta carga de carácter  y talento transgresor, un muchacho rebelde que llegó a romper con todo, eso sumado al auge de Nueva York como epicentro del movimiento salsero, potenció la imagen del artista  que a su vez  supo traducir el sentimiento y las vivencias en canciones que hablaban de carteristas, santería, envidia, violencia urbana y el desarraigo del inmigrante latino en New York.

Poéticamente hablando Willie Colon pasó de proteger a su familia con los puños a exaltar a la comunidad latina con sus letras y con su sonido nuevo, el  MALO capturó las turbulencias y la estética caótica de los 60 y las transformó en canciones.

Su legado musical, uno de los más extensos y prolíficos de la música latina, abarca su faceta como cantante, trombonista, compositor y productor, acumuló más de 40 producciones, un catálogo  que supera las 400 canciones y más de 30 millones de copias vendidas. Fue nominado 11 veces al Grammy y reconocido por Billboard entre los latinos más influyentes. 

Pero EL MALO del BRONX no sólo nos dejó  su música, no sólo inspiró a cientos de artistas y escribió al lado de otras leyendas la historia de la salsa haciendo de la música un placer atemporal. EL MALO  también nos dejó una lección, el talento es vital pero es una bomba poderosa e imparable cuando está fusionado con carácter, con determinación y amor por las raíces, SER EL MALO O LA MALA como referente de lo ordinario transformado en algo poderoso y extraordinario. El mundo necesita con urgencia más “MALOS” como Willie Colón para que continúen creando buena música para la mente, para el espíritu y para los pies!